Si Barrios hubiera tocado la guitarra eléctrica...

Si el gran Agustín Barrios hubiera tocado la guitarra eléctrica, hubiera hecho más o menos un disco como el que lanzó recientemente el gran Rolando Chaparro, “Bohemio”, aunque difícilmente tan bueno como este.

En este material, Chaparro toma las principales composiciones de “Mangoré” y les da diversos enfoques contemporáneos, presentando desde versiones jazzísticas (“Danza paraguaya”, “Caazapá”) hasta en hard rock progresivo (“La catedral”, “Las abejas”), saliendo siempre muy bien parado, como si las obras hubiesen sido especialmente hechas para estos géneros. De hecho, si guitarristas afamados como Steve Vai o Joe Satriani escuchan el disco, de seguro sentirán algún remordimiento por no habérseles ocurrido la idea antes.

A pesar de que la jugada por la que apostó Chaparro era bastante arriesgada, el resultado es espectacular y se merece los más encendidos aplausos del público paraguayo e internacional. La banda que acompañó a Rolando en esta aventura también se gana todas las ovaciones por su excelente ejecución de las interpretaciones: José Farías en teclado; Luis Chaparro en batería y percusión; y Luis Tellechea en bajo; además de Sergio Cuquejo, quien aportó algunos teclados en dos temas y participó de la grabación, mezcla y masterización del material.

Este tal vez sea el tributo a Barrios más interesante de los últimos tiempos, de la mano de alguien que ya es toda una leyenda del rock paraguayo, y que en cada trabajo que presenta va sorprendiendo gratamente al público melómano.

Si alguien se merecía un tributo en este Bicentenario de la Independencia Nacional, ese es el gran Agustín Barrios, uno de los músicos más importantes de todos los tiempos, nacido en este país, al que amó y odió, en el que se formó y al que nunca más quiso volver.

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